No se puede hablar de la identidad de la mujer potosina sin mencionar el Rebozo de Santa María del Río. Pero no lo vea solo como una prenda de vestir; el rebozo ha sido, durante siglos, la cuna, el velo, la alforja y el último abrazo de nuestra historia femenina.
Un rebozo de seda fina tarda meses en tejerse, pasando por manos que dominan el arte del «empuntado» con una paciencia que la modernidad intenta asesinar. Es la prenda que unió a la mujer del campo con la de la ciudad; no había adelita revolucionaria que no portara su rebozo con el mismo orgullo con el que un general portaba su sable.
Muchas veces valoramos más el rebozo como un objeto exótico de exportación que como la pieza de ingeniería textil y resistencia cultural que representa. El rebozo de Santa María es el resumen de nuestro mestizaje: seda que llegó por la Nao de China, técnicas europeas y el alma de la mujer potosina que supo adaptarlo para que le sirviera lo mismo para ir a misa que para cargar al hijo o esconder una proclama liberal.
Celebrar el rebozo hoy es celebrar la paciencia infinita de las artesanas que tejen nuestra identidad, demostrando que en San Luis la verdadera elegancia no se compra, se teje con hilos de memoria y mucha, mucha fe en lo que nuestras manos son capaces de crear.


