La noticia del levantamiento de Hidalgo llegó a San Luis Potosí con varios días de retraso, principalmente porque los correos de la época no tenían mucha prisa y el camino estaba lleno de baches.
Cuando por fin se enteraron, la élite local no sabía si organizar una fiesta o un escondite. Al final, San Luis se convirtió en un bastión estratégico donde se decidió el flujo de la plata para la guerra.
Recordar el «Grito» en nuestra capital es entender que aquí las revoluciones siempre se analizan con calma, se debaten en el café y se apoyan solo cuando se está seguro de quién va a pagar los vidrios rotos.


