Antes de que las fábricas automotrices fueran el motor del estado, San Luis fue la capital del cuero. El gremio de curtidores era uno de los más poderosos y necesarios para la economía.
Ubicados cerca de las acequias para aprovechar el agua, estos hombres transformaban las pieles en riqueza, aunque el aroma de sus talleres no fuera del agrado de las damas de sociedad.
Su oficio era un ejercicio de fuerza y paciencia, demostrando que la elegancia de los zapatos y las sillas de montar que presumía la élite nacía del trabajo más duro y honesto de nuestros artesanos de barrio.


