Lo que hoy es la máxima casa de estudios, empezó como un colegio de jesuitas. Sus pasillos han visto pasar desde frailes hasta revolucionarios. El Edificio Central es el símbolo de la autonomía potosina; sus piedras han aguantado huelgas, debates incendiarios y el paso de miles de estudiantes que dejaron su juventud en esas aulas.
Es un laberinto de patios y escaleras que nos recuerda que el saber en San Luis siempre ha tenido un tinte de lucha y un orgullo que no se dobla ante el poder político en turno.


