Luego de la intensidad y la fuerza que marcaron las movilizaciones del 8 de marzo, el panorama en San Luis Potosí comenzó a transformarse apenas amaneció el día. Las consignas que cubrían muros y edificios, plasmadas durante la jornada del Día Internacional de la Mujer, comenzaron a desaparecer entre agua, jabón y pintura, mientras cuadrillas se dedicaban a limpiar las paredes intervenidas durante la protesta.
Cada 8M, instituciones y autoridades reiteran discursos de apoyo, solidaridad y apertura hacia las víctimas de violencia y sus familias. Los mensajes públicos hablan de empatía, de escuchar a las mujeres y de avanzar hacia una sociedad más justa. Sin embargo, el 9 de marzo el escenario cambia, los muros que un día antes se convirtieron en espacios de denuncia empiezan a ser restaurados para devolverles su apariencia original.
Para algunas autoridades, estas acciones responden a labores de mantenimiento y conservación de los edificios. Pero para muchas mujeres y colectivos, las pintas representan algo más que marcas en las paredes: son gritos de protesta, nombres que buscan no ser olvidados y mensajes que exigen justicia frente a la violencia que persiste.


