Hoy San Luis Potosí parece una ciudad del centro. Pero durante siglos, fue frontera.
No frontera política como las actuales, sino frontera funcional. Era el límite entre el territorio controlado plenamente por la colonia y las regiones del norte, donde el dominio era más frágil. Ser frontera cambia la mentalidad de una ciudad.
La vuelve más cautelosa. Más adaptable. Más consciente de su vulnerabilidad. San Luis fue punto de paso para expediciones, misiones religiosas y operaciones militares. Era lugar de tránsito, no de destino.
Esa condición moldeó su carácter urbano. Las ciudades fronterizas no pueden permitirse ingenuidad histórica. Aprenden a sobrevivir en la incertidumbre.
San Luis dejó de ser frontera hace mucho, pero la mentalidad de resistencia permanece.


