Antes de que las salas de cine fueran cajas de zapatos con aire acondicionado, el Cine Othón era el palacio de los sueños de la capital. Con su diseño art déco y sus butacas de cuero, entrar ahí era un acto de distinción.
Era el lugar donde se estrenaban las grandes producciones y donde la sociedad potosina se reunía para ver el mundo a través de la pantalla.
Hoy el edificio tiene otros usos, pero si uno mira con cuidado su fachada, todavía puede sentir el eco de las orquestas que acompañaban las películas mudas y el murmullo de una audiencia que descubrió la magia entre el humo de los cigarros y la cantera rosa.


