Las cartas personales de los potosinos del siglo XIX son, en realidad, los mejores libros de historia que tenemos. Mientras que los documentos oficiales nos hablan de leyes y decretos, la correspondencia privada nos explica por qué se tomaron esas decisiones.
En el intercambio entre familiares, socios y amigos, aparecen las verdaderas preocupaciones de la época: el miedo a la leva, la angustia por el precio del maíz o el chisme político que nunca llegaba a los periódicos. Lo privado termina siendo el filtro necesario para entender la realidad pública.
A través de estas cartas, descubrimos que los grandes personajes de San Luis tenían las mismas dudas que cualquier vecino de hoy. Una carta de un minero a su esposa puede explicar mejor la crisis económica de 1870 que cualquier balance contable del gobierno. La correspondencia es el registro de la subjetividad potosina; el lugar donde la etiqueta se relajaba un poco y la verdad asomaba entre fórmulas de cortesía.
Leer estas cartas hoy es como espiar por una cerradura hacia el pasado, dándonos cuenta de que la historia de San Luis no se hizo en los balcones de Palacio, sino en las mesas de comedor donde se redactaban las noticias que realmente importaban.


