En un ambiente de fe, fraternidad y acción de gracias, el arzobispo de San Luis Potosí, Jorge Alberto Cavazos Arizpe, encabezó la homilía durante la peregrinación del presbiterio potosino realizada este martes 13 de enero, desde la Catedral Metropolitana hasta el Santuario de Guadalupe.
Al dirigirse a los obispos y presbíteros, el arzobispo destacó la figura de la Virgen María como Madre y Reina que acompaña, consuela y llena de alegría al pueblo de Dios. Recordó el saludo del ángel a María “alégrate” y lo relacionó con el saludo de paz que hoy, dijo, ella sigue ofreciendo a cada creyente, como signo de esperanza y cercanía maternal.
Tras concluir el tiempo litúrgico de la Navidad, Cavazos Arizpe agradeció de manera especial a los sacerdotes por su entrega, señalando que, a ejemplo de los pastores que acudieron a contemplar al Niño Jesús, ellos también han sabido reconocer y anunciar al Dios hecho hombre, aun en medio del cansancio, las dificultades y los retos de la salud y del ministerio cotidiano.
Inspirado en el Salmo 66, el arzobispo subrayó que la vocación sacerdotal tiene como misión permanente que “todos los pueblos alaben al Señor”, una tarea que se concreta dijo en la celebración de la Eucaristía, el sacramento de la reconciliación, la oración personal y el testimonio de vida, que llevan al mundo la alegría, la paz y la vida que tanto necesita la humanidad.
En su reflexión, resaltó el “sí” de María como modelo de entrega total a la voluntad de Dios, un sí que se convierte en misión y que, afirmó, también se refleja en el compromiso diario de cada sacerdote, a través de los sacramentos y del servicio pastoral al pueblo.
Asimismo, el arzobispo recordó que este año se conmemoran los 100 años de la resistencia cristera, subrayando que en los momentos de persecución y dolor, sacerdotes y fieles encontraron consuelo y fortaleza en la devoción a la Virgen de Guadalupe, que los impulsó a mantenerse firmes en la fe.
Finalmente, Cavazos Arizpe invitó a los presbíteros a poner ante María todas sus alegrías, sufrimientos, proyectos y sueños, confiando en que esta experiencia de fraternidad sacerdotal y comunión con el pueblo de Dios los fortalezca y anime a seguir cumpliendo, como María, la perfecta voluntad del Señor. Concluyó su mensaje pidiendo la bendición de Dios para todos los sacerdotes y reconociendo, con un aplauso, su generosa entrega al servicio de la Iglesia.





