La historia detrás de la creación del Himno Nacional Mexicano por parte de Francisco González Bocanegra encierra esa sutil mezcla de rigor civil y drama doméstico tan propia del carácter potosino.
Nacido en la capital del estado, Bocanegra era un burócrata y poeta de salón que prefería las rimas románticas y las odas a las virtudes discretas de la provincia antes que los cantos épicos de tintes militares. Fue la terquedad de su prometida, Guadalupe González del Pino, la que forzó su entrada al concurso convocado por el gobierno de Santa Anna.
Ante la desidia del poeta, Guadalupe lo encerró bajo llave en una habitación de su casa, negándole la salida hasta que las estrofas obligatorias estuvieran asentadas con tinta firme sobre el papel.
El encierro forzado desató una inspiración de bronce y pólvora: Bocanegra redactó diez estrofas de una simetría impecable que supieron capturar el dolor, el orgullo y la vocación de defensa de una república acosada por las invasiones extranjeras. Su triunfo en el certamen le dio a San Luis un lugar inamovible en los altares de la patria, demostrando a la nación que para escribir el canto definitivo de los mexicanos, hacía falta la disciplina formal del Altiplano y la firmeza de un encierro doméstico que obligara a la pluma a cumplir con su deber ciudadano.


