Cada vez es más común verlos en las calles. No hacen ruido, no emiten humo y prometen un futuro más limpio. Los autos eléctricos comienzan a abrirse paso en México, aunque todavía circulan en una carretera dominada por los motores de gasolina.
Los números lo confirman. En 2025, la venta de vehículos electrificados —que incluye eléctricos puros, híbridos y conectables— superó las 146 mil unidades, lo que representa cerca del 10% del mercado automotriz nacional. Es un crecimiento importante, sí, pero también deja claro que nueve de cada diez autos que se venden en el país siguen funcionando con gasolina.
El cambio avanza, pero no al mismo ritmo para todos.
Detrás de este crecimiento hay una razón clara: el ahorro. Mientras llenar un tanque de gasolina puede costar entre 800 y más de mil pesos, dependiendo del vehículo, cargar un auto eléctrico en casa representa un gasto considerablemente menor. A eso se suma un mantenimiento más barato: sin cambios de aceite, menos piezas móviles y menor desgaste general.
En el papel, la ecuación parece sencilla. Pero en la práctica, no lo es tanto.
El principal freno sigue siendo el costo inicial. Muchos autos eléctricos superan los 400 mil pesos, una cifra que los mantiene fuera del alcance de buena parte de la población. Es decir, aunque a largo plazo resulten más económicos, el primer paso sigue siendo el más difícil.
A esto se suma otro obstáculo: la infraestructura.
Si bien México ha incrementado el número de puntos de carga en los últimos años, estos siguen concentrándose en las grandes ciudades. En estados como San Luis Potosí, la presencia de estaciones aún es limitada, lo que genera una pregunta constante entre los posibles compradores: ¿dónde lo voy a cargar?
Esa incertidumbre pesa.
Y no es la única. La duración de las baterías, la autonomía en carretera y el costo de reemplazo son dudas recurrentes que frenan la adopción. A ello se suma un factor cultural: el conductor mexicano aún confía más en el motor de combustión, en el sonido del arranque y en la certeza de una gasolinera en cada esquina.
Aun así, el mercado comienza a responder.
Los autos eléctricos han encontrado mayor aceptación en sectores de ingresos medios y altos, donde el acceso a nuevas tecnologías es más viable. Ahí, la transición ya no es una promesa, sino una realidad en crecimiento.
En términos regulatorios, el país también empieza a dar señales. En distintas entidades, estos vehículos cuentan con beneficios como la exención de verificación, reducción o eliminación de la tenencia y, en algunos casos, placas especiales. Sin embargo, estos incentivos no son homogéneos y en estados como San Luis Potosí todavía no existe una política sólida que impulse de forma decidida la electromovilidad.
El panorama, entonces, es claro: los autos eléctricos están ganando terreno, pero aún no dominan la vía.
El crecimiento es sostenido, incluso acelerado en ciertos momentos, pero todavía enfrenta barreras económicas, estructurales y culturales. La transición hacia una movilidad más limpia ya comenzó, pero no será inmediata.
Por ahora, en las calles de México —y también en San Luis Potosí— conviven dos realidades: la del futuro eléctrico que avanza en silencio… y la del motor de gasolina que, aunque cuestionado, sigue marcando el ritmo.





