El Síndrome de West es una forma de epilepsia infantil que generalmente aparece entre los 3 y 7 meses de edad. Se caracteriza por espasmos epilépticos repetitivos, retraso en el desarrollo psicomotor y un patrón anormal en la actividad cerebral conocido como hipsarritmia.
Aunque se considera una enfermedad rara, especialistas estiman que su incidencia es de entre uno por cada 4 mil y 6 mil nacimientos, lo que significa que cada año podrían registrarse cientos de nuevos casos en México, tomando en cuenta el número de nacimientos que se presentan anualmente en el país.
En el caso de San Luis Potosí, también se han detectado diagnósticos relacionados con este padecimiento. Reportes del sector salud indican que en 2021 se registraron al menos siete casos de síndromes epilépticos asociados con esta condición, principalmente en menores de un año.
En la vida cotidiana de los niños que padecen este síndrome, el impacto puede ser significativo, ya que los espasmos epilépticos suelen presentarse varias veces al día, en series de movimientos bruscos del cuerpo que duran apenas unos segundos, pero que pueden repetirse decenas de veces. Estos episodios suelen ocurrir cuando el bebé despierta o está por dormir, y pueden provocar que el menor interrumpa actividades básicas como alimentarse, jugar o interactuar con sus padres.
Además de las crisis, el síndrome puede afectar el desarrollo neurológico del niño. Algunos bebés dejan de alcanzar habilidades propias de su edad o incluso pierden capacidades que ya habían desarrollado, como sostener la cabeza, sonreír, seguir objetos con la mirada o emitir sonidos. También puede observarse menor contacto visual, irritabilidad constante o dificultad para responder a estímulos del entorno.
Entre las señales visibles que los padres pueden detectar se encuentran movimientos repentinos en los que el bebé encoge el cuerpo, flexiona brazos y piernas o inclina la cabeza hacia adelante de forma repetida, como si hiciera pequeñas “sacudidas”. Estos espasmos suelen presentarse en grupos y pueden confundirse con cólicos o sobresaltos normales, lo que retrasa en ocasiones el diagnóstico.
Especialistas subrayan que el diagnóstico y tratamiento oportunos son clave para mejorar el pronóstico de los pacientes, ya que una atención temprana puede reducir complicaciones neurológicas y favorecer el desarrollo de los menores.
Por ello, en el marco de esta jornada internacional, médicos y organizaciones de salud reiteran el llamado a visibilizar el síndrome de West, promover la detección temprana y fortalecer la atención médica especializada, con el objetivo de brindar mejores oportunidades de vida a los niños que padecen esta enfermedad.


