A mediados del siglo XIX, San Luis Potosí se enfrentó a un enemigo invisible que no respetaba jerarquías: el cólera morbus.
Las carretas cargadas de cuerpos eran una visión diaria por la calle de Morelos. La ciudad se convirtió en un gran hospital a cielo abierto donde la fe y los remedios caseros eran la única defensa. Esta tragedia sanitaria obligó a las autoridades a replantearse el drenaje y la higiene, dando paso a la modernización de los servicios urbanos.
Fue una época de luto colectivo que forjó la resiliencia potosina, recordándonos que nuestra supervivencia siempre ha dependido de saber cuidarnos los unos a los otros entre tanta cantera.


