Ubicado a un costado del templo, este callejón es el paso obligado de estudiantes y pensadores. Sus muros de cantera, siempre frescos, parecen absorber el conocimiento de la cercana universidad.
La leyenda dice que por ahí se pasean los ecos de los antiguos agustinos, pero lo que realmente se escucha es el murmullo de los jóvenes discutiendo sobre el futuro del estado.
Es un espacio de una elegancia sobria, un pasadizo que une la fe del pasado con la ciencia del presente, demostrando que en San Luis los caminos siempre nos llevan de vuelta a la reflexión.


