No hay infancia potosina que no haya tenido el aroma de las melochas. Este dulce tradicional, hecho a base de piloncillo y leche, es la muestra del ingenio gastronómico que sabe transformar ingredientes sencillos en un manjar.
El proceso de «estirar» la melocha requiere de una fuerza y una paciencia que solo los artesanos antiguos poseían. Ver cómo se elaboran es un espectáculo de destreza manual.
Es el sabor de nuestra tierra, un dulce que nos recuerda que en San Luis la felicidad también se puede moldear a mano y que la tradición sabe mejor cuando se derrite lentamente en la boca.


