Los mexicanos que corrieron hacia la tragedia del 11-S para salvar vidas
Cuando el mundo observaba con incredulidad cómo las Torres Gemelas se desplomaban, mientras miles de personas intentaban escapar de Manhattan, hubo mexicanos que hicieron el camino contrario: se acercaron al desastre para buscar sobrevivientes. Algunos ya estaban en Nueva York; otros viajaron desde México con una sola misión: ayudar a quienes habían quedado atrapados bajo toneladas de concreto y acero.
Uno de ellos fue Rafael Hernández Gómez, un bombero mexicano que se encontraba en Nueva York cuando ocurrieron los ataques. Al percibir el humo, sus instintos de rescatista lo llevaron hacia el World Trade Center. Mostró su identificación como bombero y consiguió incorporarse a las labores de emergencia. En medio del caos, entró a la Torre Norte y ayudó a evacuar a una mujer embarazada que se encontraba en el edificio. La cargó durante 28 pisos hasta conseguir ponerla a salvo.
Pero Rafael no se marchó después de aquel rescate. Permaneció durante meses en la Zona Cero, participando en la búsqueda de sobrevivientes y posteriormente en la recuperación de restos y limpieza de los escombros. Durante ese periodo estuvo expuesto al polvo y las sustancias que quedaron suspendidas en el lugar. Años después comenzó a sufrir graves problemas respiratorios y murió en 2011. Aunque sus allegados relacionaron su deterioro con la exposición en la Zona Cero, oficialmente su muerte fue atribuida a otros padecimientos médicos. Y mientras Rafael ayudaba desde las primeras horas de la tragedia, otro grupo de mexicanos viajaba hacia Nueva York para hacer lo que sabía hacer mejor: meterse entre los escombros en busca de personas con vida. Eran los integrantes de la Brigada Internacional de Rescate Tlatelolco Azteca, conocidos como Los Topos, un grupo surgido de los rescates posteriores al terremoto de 1985 en México. El 16 de septiembre de 2001, Héctor “El Chino” Méndez llegó a Nueva York al frente de los rescatistas mexicanos.
Con picos, palas, lámparas y sus propias manos, los Topos trabajaron entre el concreto y el hierro retorcido del World Trade Center. Su objetivo era encontrar cualquier señal de vida. La labor no estuvo exenta de dificultades: algunos integrantes fueron expulsados de la Zona Cero e incluso varios fueron detenidos durante tres días, mientras otros regresaron a México. Sin embargo, seis rescatistas permanecieron en Nueva York y continuaron colaborando hasta octubre.
Rafael Hernández y Los Topos representan dos historias distintas de una misma respuesta: mexicanos que, ante una tragedia que no les pertenecía directamente, decidieron ponerse al servicio de quienes necesitaban ayuda. Uno corrió hacia las Torres Gemelas en el momento del ataque; los otros cruzaron la frontera días después para entrar en los restos de los edificios. A 25 años del 11-S, sus historias recuerdan que entre quienes buscaron vidas bajo aquel desastre también hubo manos mexicanas.


