Hay lugares en San Luis que son instituciones más sólidas que cualquier ley estatal, y uno de ellos es «La Pasadita».
Este rincón gastronómico ha alimentado a generaciones de potosinos con recetas que se guardan como secretos de estado. Es el refugio de los que buscan el sabor auténtico, lejos de las pretensiones de la comida rápida internacional.
Entrar ahí es un viaje sensorial a la cocina de la abuela, donde el tiempo se detiene frente a un plato caliente. Es la prueba de que en San Luis la verdadera cultura no solo está en los museos, sino en los comales que han resistido el paso de las modas y los cambios de gobierno.


