Hubo una época en San Luis Potosí en que ir al cine era un evento social de gala. Teatros como el Alameda, el Othón o el Avenida eran palacios dedicados al celuloide, con dulcerías elegantes y telones de terciopelo.
Hoy, el cine se consume en cajas negras genéricas dentro de centros comerciales, donde la eficiencia y el aire acondicionado han reemplazado al glamour.
La nostalgia es un buen negocio, pero las palomitas a 150 pesos son una realidad difícil de tragar.


