Aunque estamos a cientos de kilómetros de la selva, la cultura huasteca se ha infiltrado en San Luis Potosí a través de la comida y la música.
No es raro encontrar un puesto de zacahuil en el centro o escuchar un huapango en las plazas. Es el recordatorio de que somos un estado de dos caras: el altiplano seco y la huasteca húmeda.
Esta mezcla le da a la capital un aire de diversidad que nos salva de la monotonía de la cantera. La Huasteca es nuestro pulmón espiritual, ese lugar al que todos queremos ir en vacaciones para olvidar que aquí el agua solo llega por tandeo y el sol quema hasta las ideas.


