Si Benito Juárez viera su monumento en la entrada de San Luis, seguramente pediría que lo regresaran a Guelatao. Ahí está, imponente en su glorieta, sosteniendo la Constitución mientras miles de trailers y automovilistas le rinden honores involuntarios con el claxon cada cinco minutos.
Es la puerta de entrada a la ciudad, el lugar donde el orden de las Leyes de Reforma choca de frente con el caos de la carretera 57. El monumento es una mole de piedra que nos recuerda que somos una república laica, pero sobre todo nos recuerda que, si no tomas bien el carril, vas a terminar dando vueltas alrededor del prócer hasta que el destino (o un tránsito) decida tu suerte.


