Llegamos al 4 de enero y el optimismo del año nuevo choca de frente con el estado de cuenta. La cultura de la supervivencia potosina se activa: las casas de empeño se llenan y las recetas de cocina se vuelven sospechosamente creativas.
Es el momento del año en que descubrimos que nuestra verdadera identidad cultural no está en los museos, sino en la capacidad de hacer que un kilo de frijoles dure hasta la próxima quincena.


