Mientras los niños de hoy piden drones y consolas, en los mercados todavía se pueden encontrar trompos, yoyos y baleros de madera pintada.
La resistencia del juguete tradicional es una batalla cultural perdida, pero hermosa. Comprar un juguete de madera hoy es un acto de rebeldía contra el algoritmo de Amazon y un homenaje a los artesanos que todavía creen que la diversión no necesita baterías.


