Santiago nació como un pueblo de indios guachichiles y tlaxcaltecas que se dedicaban a cultivar lo que la ciudad minera se comía. Era la despensa de San Luis, llena de huertas y canales de agua que hoy son calles pavimentadas con más parches que asfalto.
Sus habitantes siempre han tenido un orgullo aparte, sintiéndose los dueños originales del valle. Hoy es un barrio de talleres y familias de toda la vida, donde todavía se puede respirar un aire de pueblo que se resiste a ser devorado por el centro.
Santiago es la raíz que nos recuerda que antes que mineros, fuimos gente de tierra y surco.


