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Día Nacional del Cine Mexicano: una historia que sigue en pantalla

Fue el 15 de agosto de 1896 cuando se realizó la primera función pública de cine en México. En aquellos primeros años las películas eran escenas muy breves, registradas en película de celuloide o nitrato y proyectadas con equipos mecánicos; todavía faltaban décadas para que el cine mexicano desarrollara una industria consolidada.

La llamada Época de Oro, que suele ubicarse entre 1936 y 1956, dejó nombres que todavía son reconocidos por el público: Pedro Infante, Jorge Negrete, María Félix, Cantinflas, Dolores del Río, Pedro Armendáriz, Tin Tan y Sara García. Un dato curioso es que durante los años 40 México llegó a producir cerca de 100 largometrajes al año. Además, Santa, estrenada en 1932, fue un parteaguas al incorporar el sistema de sonido óptico desarrollado por los hermanos Rodríguez, permitiendo registrar imagen y sonido de manera sincronizada.

En generaciones más recientes destacan Gael García Bernal, Diego Luna, Salma Hayek, Eugenio Derbez, Damián Alcázar y Cecilia Suárez, mientras que directores como Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu han llevado el talento mexicano a los escenarios internacionales. El contraste tecnológico es enorme: durante la Época de Oro se rodaba principalmente en 35 milímetros, con rollos físicos de película, cámaras pesadas, iluminación controlada y procesos de revelado y montaje fotoquímico. Hoy gran parte de las producciones se realiza con cámaras digitales, lo que permite revisar inmediatamente las tomas, grabar grandes cantidades de material y editar mediante herramientas digitales. El 35 mm, sin embargo, no ha desaparecido y continúa utilizándose en determinados proyectos y exhibiciones.

Entre las producciones mexicanas de mayor éxito comercial se encuentra No se aceptan devoluciones, que alcanzó 15.2 millones de espectadores, seguida por Nosotros los Nobles, además de títulos como El crimen del padre Amaro, La dictadura perfecta, Una película de huevos, Y tu mamá también y Amores perros. Pero también cambió la manera de contar las historias: en la Época de Oro tuvieron gran presencia los melodramas, comedias, rancheras, historias rurales y personajes ligados a la identidad mexicana; actualmente conviven esos géneros con documentales, animación, cine experimental, historias de comunidades y nuevas perspectivas sociales.

También cambió la forma de hacer llegar una película al público. Antes, terminar una cinta significaba preparar copias físicas y distribuirlas a las salas; hoy una producción puede pasar de un festival a una cadena de cines y posteriormente a una plataforma digital. Incluso la exhibición ha cambiado: la transición digital aceleró la desaparición de los proyectores de 35 mm y para 2012 las salas digitales ya representaban más de la mitad de los proyectores en México.

El Día Nacional del Cine Mexicano es, así, una oportunidad para reconocer dos épocas muy distintas pero conectadas por la misma intención: contar historias. De los rollos de celuloide, las grandes estrellas y los estudios de la Época de Oro a las cámaras digitales, los efectos visuales, los festivales y las plataformas actuales, el cine mexicano ha cambiado radicalmente su manera de producirse y consumirse, pero conserva su capacidad de reflejar la identidad y las transformaciones de México.

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