Hoy el amarillo no es solo un color. Es una pregunta: ¿estamos escuchando a quienes tenemos cerca?
Hace apenas dos días, San Luis Potosí fue sacudido por la muerte de un joven en instalaciones de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Una tragedia que duele, pero que también debería obligarnos a detenernos y mirar más allá de la noticia.
Porque el suicidio no comienza en el momento de una tragedia. Muchas veces comienza mucho antes, en un dolor que nadie vio, en palabras que no se dijeron, en alguien que aprendió a sonreír mientras por dentro pedía ayuda.
Este 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el llamado es simple, pero urgente: escuchemos sin juzgar, preguntemos sin miedo y acompañemos sin minimizar el dolor de nadie.
Hoy, mientras caminaba por la calle, encontré personas vestidas de amarillo. Quizá para algunos era simplemente una coincidencia. Para mí fue un recordatorio:
No sabemos quién está luchando en silencio.
No sabemos quién necesita que alguien se quede.
Y quizá una conversación pueda hacer la diferencia.
Hablar de suicidio también es hablar de vida. Y mientras sigamos hablando, escuchando y acompañando, habrá razones para no dejar que el silencio gane.


