La ENBIARE 2025 ha venido a sepultar de manera oficial el viejo mito de que el bienestar subjetivo es ajeno a las condiciones materiales de la existencia, demostrando con números redondos que la estabilidad económica moldea directamente el estado de ánimo de las personas.
El reporte del INEGI expone que el 17.3% de la población de 18 años y más en el país experimenta dificultad o mucha dificultad para cubrir los gastos habituales de su hogar al cierre de mes, provocando que el promedio de satisfacción de este sector caiga drásticamente a un doloroso 7.98, en comparación con el 8.99 de quienes viven sin apuros financieros.
En el contexto de San Luis Potosí, donde el crecimiento de los servicios y la plusvalía urbana ha encarecido de manera severa el costo de la canasta básica, la renta y el transporte, este 17.3% se traduce en una tensa calma que se respira en los mostradores de las tiendas de abarrotes de los barrios tradicionales.
Llegar al fin de quincena en colonias populares de la periferia potosina se ha convertido en un ejercicio de equilibrismo financiero donde el incremento al precio del huevo, las tortillas y el gas impacta de inmediato en el humor social de la mesa familiar.
La encuesta detalla de manera implacable que el balance anímico de las personas asfixiadas económicamente desciende hasta los 4.21 puntos, un indicador que en las calles potosinas se traduce en frustración, estrés vecinal y una pérdida del optimismo frente al futuro, recordándole a la administración pública que la contención de la pobreza y la regulación de los precios locales son las verdaderas herramientas para devolverle la tranquilidad al espíritu de la provincia.


