La obra de José Guadalupe Posada llegó a San Luis Potosí no como arte, sino como información visual de consumo inmediato.
Sus grabados en hojas volantes y periódicos de un centavo fueron la primera gran experiencia de cultura de masas para el potosino común. A través de sus imágenes, el pueblo se enteraba de los fusilamientos, de los milagros sospechosos y de las catástrofes naturales con una inmediatez que la palabra escrita no lograba. Posada democratizó la noticia convirtiéndola en estampa.
Esta cultura visual en la provincia fue fundamental para crear un imaginario colectivo. Sus calaveras burlonas le daban un sentido festivo a la tragedia cotidiana del Porfiriato.
En San Luis, sus grabados circulaban en los mercados y en los talleres, siendo discutidos por gente que encontraba en ellos el reflejo de sus propias angustias y esperanzas. Posada nos enseñó a ver la realidad con un lente satírico, demostrando que la imagen es el lenguaje más potente de la resistencia.
Gracias a sus hojas volantes, la provincia dejó de estar aislada para integrarse a una conversación nacional que se escribía con buril y se imprimía en papel barato, pero que tenía la fuerza de la verdad popular.


