La molestia ciudadana estalló en redes sociales luego de que el alcalde de Enrique Galindo Ceballos minimizara la crisis hídrica y sugiriera que las manifestaciones por la falta de agua podrían ser falsas o “montadas”.
Lejos de calmar la situación, sus declaraciones provocaron una ola de reclamos por parte de habitantes de distintas colonias, quienes aseguran vivir una realidad completamente distinta a la que describe el gobierno municipal y el organismo operador Interapas.
“¿Fuentes oficiales? Las que les convienen nada más”, reclamó una ciudadana, cuestionando la narrativa institucional que, según denuncian, busca desacreditar el hartazgo social. Otros mensajes evidencian la frustración acumulada: “Ahora resulta que todas las manifestaciones son montadas… hay colonias con años sin agua”.
Los testimonios no se limitan a la inconformidad, sino que detallan situaciones críticas. Habitantes de colonias como Jasso Reyes, Tepeyac y zonas cercanas a República de Chile y avenida Juárez aseguran tener hasta tres meses sin recibir agua por medio de pipas, un servicio que debería ser emergente pero que, acusan, se brinda de manera irregular.
“Si no hacemos bloqueos es porque no queremos afectar a quienes trabajan, pero eso no significa que no estemos hartos”, señala otro ciudadano, desmintiendo directamente la versión oficial que vincula la falta de protestas con una supuesta normalidad en el suministro.
A la par, los reclamos también apuntan a lo que consideran una contradicción: la exigencia puntual del pago del recibo, aun cuando el servicio es deficiente o inexistente. “El recibo sí llega puntual y sin descuentos”, reprochan, acusando al sistema de ser eficiente para cobrar, pero omiso para resolver.
Las críticas escalan aún más al señalar directamente al alcalde: “Galindo se burla de la necesidad”, manifestó una usuaria, reflejando el sentir de quienes consideran que las autoridades han perdido sensibilidad frente a una problemática que afecta la vida diaria.
Mientras el discurso oficial insiste en desacreditar las manifestaciones, la presión social crece y evidencia una desconexión entre lo que reportan las autoridades y lo que viven miles de potosinos en sus colonias.
La crisis del agua en la capital potosina no solo persiste, sino que ahora también enfrenta un nuevo frente: la desconfianza ciudadana hacia quienes deberían resolverla.


