Mientras el Ayuntamiento de Enrique Galindo Ceballos impulsa murales a través del programa Expresión Capital como parte de una estrategia para embellecer la ciudad, cuadrillas municipales continúan eliminando grafitis en distintas zonas del Centro Histórico bajo el argumento de mantener el orden urbano y proteger el patrimonio.
La contradicción ha comenzado a generar cuestionamientos: ¿Qué expresiones son consideradas arte y cuáles vandalismo?
Por un lado, autoridades municipales celebraron la intervención artística en las canchas de la colonia ISSSTE, destacando que los murales fortalecen la identidad comunitaria y revitalizan espacios públicos mediante el arte urbano. Según estas obras buscan llenar de color zonas específicas y fomentar el sentido de pertenencia social. Sin embargo, casi de manera paralela, el propio Ayuntamiento informó sobre operativos de retiro de grafiti en el llamado “Corazón de San Luis”, acciones ejecutadas por cuadrillas de respuesta inmediata para mantener una imagen urbana “limpia y ordenada”.
El contraste evidencia una discusión más profunda: el arte urbano parece ser aceptado únicamente cuando está institucionalizado o autorizado por la autoridad, mientras que otras manifestaciones gráficas aunque formen parte de la cultura callejera son eliminadas.
Especialistas en cultura urbana han señalado en distintos debates nacionales que el grafiti históricamente ha sido una forma de expresión social, política y juvenil, incluso antes de su reconocimiento oficial dentro del arte contemporáneo. La diferencia, apuntan, suele estar más relacionada con la regulación del espacio público que con el valor artístico en sí mismo.
En ciudades mexicanas, el fenómeno no es nuevo: gobiernos promueven murales como herramienta de regeneración urbana mientras endurecen acciones contra intervenciones espontáneas, generando percepciones de censura selectiva.
El Ayuntamiento sostiene que la eliminación de grafiti busca proteger el patrimonio histórico y mejorar la imagen turística del centro, una zona con valor arquitectónico y económico estratégico.
No obstante, críticos consideran que estas políticas pueden invisibilizar expresiones juveniles y limitar la diversidad cultural urbana, especialmente cuando no existen suficientes espacios legales para el arte independiente.
El debate queda abierto: mientras algunos celebran una ciudad más ordenada y estética, otros cuestionan si la revitalización urbana debería incluir todas las voces que habitan el espacio público y no solo aquellas avaladas por la autoridad.


