San Luis Potosí: El estado que siembra como loco, fabrica con furia, pero vende con flojera.

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Si usted es de los que piensa que los reportes del INEGI sirven para poco más que nivelar mesas cojas, el último Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) le tiene una sorpresa que ni los baches de la Avenida industrias podrían ocultar. Resulta que, en el tercer trimestre de 2025, San Luis Potosí decidió que era buena idea crecer un 3.7% anual, colgándose una medalla de bronce nacional que ya quisiera cualquier atleta olímpico. Pero cuidado, que este número es como un buen pozole: se ve muy rico por encima, pero hay que ver qué pedazos de carne le tocaron a cada quien.

​Lo que realmente debería hacernos levantar la ceja es que el estado parece haberse convertido en una mezcla entre un rancho de superhéroes y una maquiladora incansable, mientras que el resto de nosotros —los que movemos el comercio y los servicios— nos quedamos en el rincón pensando en la inmortalidad del cangrejo. El sector de las actividades primarias, ese que incluye desde ordeñar vacas hasta talar árboles (con permiso, esperemos), se aventó un clavado hacia arriba con un crecimiento del 26.3%. Para que se den una idea de lo absurdo del dato: si el año pasado nuestras gallinas ponían un huevo, este año parece que ponen la docena completa y ya vienen con el aceite incluido. Este salto nos mandó directo al quinto lugar nacional en el campo, demostrando que, para sembrar, somos mejores que para ponernos de acuerdo en el tráfico.
​Por otro lado, la industria, ese motor que nunca se apaga y que nos tiene a todos respirando el aire «perfumado» de la Zona Industrial, creció un sólido 5.3%. No es el 26% del campo, pero no se confundan: las actividades secundarias son las que realmente cargan el muerto. De hecho, ellas solitas aportaron 2.6 puntos porcentuales de ese crecimiento total del estado. Es como si en una fiesta de traje, la industria fuera el invitado que trae el whisky, la botana y hasta el hielo, mientras los demás apenas llegan con un paquete de servilletas. Estamos en el quinto lugar nacional en manufactura y construcción, lo cual suena de maravilla hasta que recordamos que los que trabajamos en oficinas, bancos o restaurantes —las famosas actividades terciarias— decidimos que el crecimiento no era con nosotros.
​Aquí es donde la puerca tuerce el rabo: mientras el campo y las fábricas sudan la gota gorda, el sector servicios y comercio se dio el lujo de retroceder un 0.1%. Es una joya de la ironía económica: producimos más jitomates que nunca y armamos coches a una velocidad de vértigo, pero a la hora de venderlos, mover el dinero o dar un servicio decente, nos fuimos al lugar 27 de las 32 entidades federativas. Básicamente, San Luis Potosí es ese chef que prepara un banquete de cinco estrellas en la cocina, pero el mesero se quedó dormido en la bodega y no hay quién saque los platos a la mesa.
​Al final del día, el acumulado de los primeros nueve meses de 2025 nos deja con un crecimiento del 2.6%. Formamos parte de esa región Centro-Norte que presume aportar casi el 20% de la economía de todo México, y nosotros contribuimos con 0.08 puntos a la variación nacional. No parece mucho, pero en este juego de decimales, cada granito de arena cuenta. Así que ya lo sabe: si usted ve que el estado crece, es gracias a que alguien allá afuera está sembrando alfalfa o apretando tornillos con una disciplina casi religiosa, porque lo que es el sector servicios, sigue esperando a que le traigan el café para despertar de su letargo trimestral. Nos vemos el 29 de abril de 2026 para ver si, de puro milagro, el comercio decide unirse a la fiesta.

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