Inaugurado en 1889, el Saucito es el museo de arte funerario más grande del estado. Pasear por sus avenidas es leer la lista de invitados de los mejores bailes del porfiriato, pero todos convenientemente callados bajo monumentos de mármol de Carrara.
Hay tumbas que parecen casas y ángeles que lloran mejor que cualquier pariente. Es el reflejo de la sociedad potosina: incluso en la muerte, hay que mantener la categoría y tener un monumento que diga quién fuimos.
Es un lugar de paz y de nostalgia, donde la historia de San Luis se cuenta a través de los epitafios y la sombra de los cipreses.


