Inaugurado en 1827 para albergar peleas de gallos y corridas de toros, el Teatro Alarcón es la prueba de que el potosino puede civilizarse… o al menos cambiar de espectáculo.
Su forma circular delata su pasado sangriento, aunque con el tiempo se cubrió con un techo y se llenó de actores que declamaban tragedias griegas.
Es el teatro más antiguo de la ciudad y sigue en pie por pura terquedad de sus piedras. Entrar ahí es sentir que en cualquier momento puede salir un toro o un tenor, recordándonos que nuestra cultura es una mezcla de instinto básico y aspiraciones europeas que nunca terminamos de conciliar del todo.


