A nivel internacional, los grandes museos parisinos están marcando la pauta de este año con una apuesta agresiva por el arte digital y la inteligencia artificial.
La pregunta que recorre las galerías del Louvre y el Orsay es si un cuadro generado por código puede conmover igual que un óleo del siglo XIX. Esta tendencia global llegará pronto a México, obligándonos a replantear si la mano del artista es indispensable o si la creatividad ahora reside en saber escribir el «prompt» adecuado.


