En el marco de la festividad del Bautismo del Señor, el arzobispo Jorge Alberto Cavazos Arizpe invitó a los fieles a redescubrir el profundo significado de esta celebración, que marca el cierre del tiempo litúrgico de la Navidad y recuerda la identidad cristiana de todo bautizado como hijo de Dios.
Durante su reflexión, el prelado explicó que desde los primeros siglos del cristianismo particularmente a partir del siglo IV la Iglesia ha celebrado de manera unida el nacimiento de Cristo y su Bautismo, subrayando que el término “bautismo”, proveniente del griego, significa sumergirse, como signo de una vida nueva. Con el Bautismo, dijo, los creyentes reciben el Espíritu Santo, son incorporados a la Iglesia y reconocidos como hijos amados de Dios.
El arzobispo destacó que el tiempo de Navidad está marcado por tres grandes manifestaciones de Dios: el nacimiento de Jesús, la Epifanía y el Bautismo en el Jordán. En cada una de ellas, Dios se revela al mundo de distintas maneras: a los sencillos y necesitados en Belén, a todas las naciones representadas por los Reyes Magos y, finalmente, en el Bautismo de Jesús, cuando se escucha la voz del Padre que proclama: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias”.
Cavazos Arizpe subrayó que esta revelación no es solo un acontecimiento histórico, sino una invitación permanente a los creyentes para profundizar en su fe y en el amor de Dios, especialmente en medio de las dificultades, el sufrimiento, la violencia y las crisis sociales. Recordó que, aunque a veces parezca que Dios guarda silencio, Él permanece siempre acompañando a su pueblo, como lo muestran los Evangelios y el testimonio de los apóstoles.
Asimismo, hizo un llamado a vivir la voluntad de Dios, siguiendo el ejemplo de Jesús y de la Virgen María, quien respondió con humildad y obediencia al proyecto divino. Vivir como hijos de Dios, señaló, debe reflejarse en la vida cotidiana: en la familia, en el trabajo, en la responsabilidad social y en el respeto a la dignidad de toda persona.
Finalmente, el arzobispo exhortó a los fieles a renovar su compromiso bautismal, confiando en que Dios camina con su pueblo en todo momento y que, al cumplir su voluntad, se fortalecen la paz, la armonía y la esperanza en la vida personal y comunitaria.





