A 37 años del “Quinazo”, el golpe que sacudió al sindicalismo petrolero en México.

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Un día como hoy, pero hace 37 años, México fue testigo de uno de los episodios más emblemáticos de la historia política y sindical del país: la detención de Joaquín Hernández Galicia, mejor conocido como “la Quina”, junto con Salvador Barragán Camacho, en un operativo que marcaría un antes y un después en la relación entre el poder presidencial y los sindicatos.

El 10 de enero de 1989, Hernández Galicia fue arrestado en su domicilio de Ciudad Madero, Tamaulipas. Las autoridades le imputaron delitos como acopio de armas, homicidios y tráfico de influencias, además de señalar el ostentoso derroche económico que rodeaba a su círculo cercano. La acción fue interpretada como un mensaje contundente del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, quien apenas llevaba un mes y diez días en el cargo y buscaba proyectar una imagen de firmeza y autoridad ante la opinión pública.

Nacido el 12 de agosto de 1922 en Tampico, Tamaulipas, Joaquín Hernández Galicia se consolidó durante décadas como una de las figuras más poderosas del sindicalismo mexicano. Bajo su liderazgo —directo o a través de aliados— el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) se convirtió en un actor clave dentro de la vida política nacional, estrechamente vinculado a la empresa paraestatal Petróleos Mexicanos (PEMEX).

Tras el “Quinazo”, el sindicato petrolero inició una serie de relevos en su dirigencia. Salvador Barragán Camacho encabezó el STPRM entre 1987 y 1989, seguido brevemente por José Meléndez Maranto en ese mismo año. Posteriormente, Sebastián Guzmán Cabrera ocupó el cargo de 1989 a 1993, dando paso a uno de los liderazgos más prolongados y controvertidos: Carlos Romero Deschamps, quien permaneció al frente del sindicato de 1993 a 2019.

En años recientes, el STPRM ha experimentado transformaciones relevantes. Tras un periodo interino encabezado por Manuel Limón Hernández (2019-2022), el 31 de enero de 2022 los trabajadores petroleros eligieron como nuevo dirigente a Luis Ricardo Aldana Prieto, mediante un proceso inédito de voto electrónico, diseñado para garantizar transparencia y evitar presiones o amenazas.

A más de tres décadas del “Quinazo”, el episodio sigue siendo recordado como un símbolo del poder presidencial frente a los liderazgos sindicales y como un punto de inflexión en la historia del sindicalismo petrolero en México.

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