El 23 de marzo de 1994 es una fecha que alteró el rumbo de la historia contemporánea de México tras el atentado en Lomas Taurinas. En San Luis Potosí, el impacto fue profundo no solo por la tragedia nacional, sino por la estrecha relación que Colosio había tejido con el estado durante su campaña.
Su visita a la capital potosina semanas antes del suceso fue uno de los eventos políticos más concurridos de la década, donde el candidato pergeñó gran parte de su discurso sobre el federalismo y la necesidad de empoderar a los estados del interior.
Para los potosinos de aquel entonces, Colosio representaba una esperanza de cambio estructural que se sentía muy cercana a nuestras propias aspiraciones de autonomía.
La conmoción en las calles del centro histórico aquel lunes de marzo fue total. San Luis, siendo un estado con una vida política vibrante y a menudo crítica, vio en la muerte de Colosio la pérdida de un interlocutor que parecía entender la complejidad de nuestra región.
El suceso obligó a una reconfiguración de las fuerzas políticas locales y nacionales, marcando el inicio de una transición democrática que todavía hoy discutimos.
El recordar estos sucesos, es asomarse a la fragilidad de nuestra paz pública y valorar la estabilidad que, a pesar de los pesares, hemos logrado construir. Es el recordatorio de que en San Luis la política se vive con pasión, pero también con la memoria clara de los sacrificios que han forjado nuestra realidad ciudadana.


