No se puede entender la belleza de San Luis Potosí sin hablar de los hombres que domaron la piedra en las canteras de San Vicente.
Generaciones de artesanos que con mazo y cincel esculpieron la cara de nuestra ciudad. Su oficio es una mezcla de fuerza bruta y delicadeza artística que se nota en cada cornisa y en cada columna del centro histórico.
La «piedra de San Vicente» es el ADN de nuestra arquitectura, y los canteros son sus guardianes silenciosos. Recordar su trabajo es honrar a las manos que, sudando bajo el sol del Altiplano, le dieron a San Luis ese color rosa que nos hace únicos en el mundo.


