La Plaza de Aranzazú es posiblemente el rincón más fotogénico de la ciudad, y su fuente es el eje de esa belleza. A diferencia de otras plazas, Aranzazú respira una paz franciscana que parece protegida por sus muros de cantera.
La fuente no busca la majestuosidad de los acabados en la Plaza de Armas, sino la armonía con el entorno colonial. Es el lugar preferido de los artistas que buscan inspiración y de las parejas que quieren un momento de silencio.
Sus chorros de agua son el murmullo constante que nos recuerda que San Luis nació de un oasis que todavía lucha por mantenerse vivo en nuestra memoria.


