No hace falta viajar seis horas hasta Xilitla para sentir el zapateado. En varios centros culturales del centro de la capital, los miércoles se han vuelto noches de huapango. Es fascinante ver cómo jóvenes que visten de forma urbana dominan el violín y la jarana con una maestría que parece heredada.
La música huasteca es el cordón umbilical que une a la capital con su región más exuberante, recordándonos que San Luis es un estado de contrastes que se armonizan en un solo ritmo.


