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Galindo y sus premios “patito”: muchas estatuillas, pero ni siquiera aparece en el top 20 de alcaldes

A Enrique Galindo parece que le gustan tanto los premios que su administración ya podría abrir una sucursal de trofeos. El alcalde de San Luis Potosí acumula reconocimientos nacionales e internacionales, presume galardones por sus programas municipales y tiene motivos para organizar más de una ceremonia. El pequeño detalle es que, cuando se trata de medir la aprobación ciudadana, la fiesta no parece ser la misma: en el ranking de MITOFSKY para El Economista, correspondiente a octubre de 2026, aparece en el lugar 55 de 150 alcaldes, con 51.8 % de aprobación. Mucho trofeo «papito» para la foto, pero ni siquiera entre los veinte primeros se encuentra.

Y entonces surge la pregunta: ¿quién entrega tantos premios y qué tan exigentes son sus criterios? Porque cuando presume reconocimientos por mejora administrativa, turismo, gestión de residuos y recuperación de espacios públicos, lo mínimo es conocer quién organiza las premiaciones, cómo selecciona a los ganadores y qué resultados verifica. De lo contrario, cualquier galardón corre el riesgo de convertirse en otro adorno para el escaparate político. ¿Son premios que acreditan resultados extraordinarios o son premios «patito» que cualquiera puede comprar?

El problema para Galindo es que los reconocimientos no contestan las preguntas que importan a los ciudadanos. ¿De qué sirve presumir premios por recuperar espacios públicos si todavía hay potosinos que exigen mejores servicios? ¿Cuánto cambia la vida cotidiana de la población por cada diploma recibido? ¿Y por qué, si la administración presume tantos méritos, su alcalde no figura entre los veinte mejor evaluados de la medición nacional? Porque una cosa es ganar un reconocimiento por un programa y otra muy distinta es convencer a la ciudadanía de que el gobierno en su conjunto está haciendo un trabajo sobresaliente.

La comparación con Soledad de Graciano Sánchez agrega sal a la herida. Juan Manuel Navarro Muñiz aparece en el lugar 40 del mismo ranking, con 53.2 % de aprobación: quince posiciones por encima de Galindo. Así que la capital puede seguir presumiendo sus galardones, pero en esta medición el alcalde del municipio vecino obtiene una ubicación superior. Qué ironía: mientras una administración presume premios, la otra consigue una mejor posición en el termómetro de aprobación. Eso demuestra que los premios y las encuestas miden cosas distintas.

En la parte alta de la clasificación aparece Ana Paty Peralta, de Benito Juárez, con 64.7 % de aprobación, junto con otros alcaldes de distintas fuerzas políticas.

Porque si cada premio viene acompañado de una fotografía y una felicitación, también debería venir acompañado de datos verificables. De lo contrario, los premios «patito” de Galindo seguirán siendo una etiqueta que presume más sus galardones que sus resultados.

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