Lo que debía ser la inauguración de una obra vial terminó pareciendo más una fotografía de precampaña. Enrique Galindo Ceballos cortó el listón del paso superior vehicular de la avenida Jacobo Payán, pero no llegó solo: el alcalde estuvo arropado por una auténtica pasarela panista, con la senadora Verónica Rodríguez, el diputado local Rubén Guajardo y el diputado federal David Azuara entre los invitados del presídium.
La obra contempla 5,400 metros cuadrados de construcción, además de la rehabilitación de las calles laterales en una superficie superior a 8,500 metros cuadrados. Un proyecto que, de acuerdo con el propio alcalde, representa una inversión cercana a los 190 o 200 millones de pesos, a lo que se suman los trabajos de regeneración de los alrededores.
Durante el evento, Galindo presumió que no se trata únicamente de levantar un puente, sino de convertir toda la zona en una infraestructura de “primer mundo”, con alumbrado público, banquetas y adecuaciones para personas con discapacidad “Vamos a tener un puente de primer mundo, pues ahora démosle laterales de primer mundo”, señaló el presidente municipal.
Sin embargo, mientras el Ayuntamiento presume la magnitud de la obra, el proyecto también vuelve a poner sobre la mesa el cuestionamiento sobre el costo de una infraestructura que se acerca a los 200 millones de pesos, particularmente cuando la administración municipal enfrenta otras demandas y pendientes en materia de vialidad, servicios públicos y mantenimiento urbano.
Y aunque el contrato establecido con la empresa constructora contempla un plazo de ocho meses, el Ayuntamiento apuesta a que los trabajos puedan concluirse en apenas cuatro meses. Es decir, la administración busca acelerar a la mitad el tiempo originalmente previsto, en una obra que tendrá impacto directo en una de las vialidades de mayor circulación de la zona.
Así, entre maquinaria, concreto y discursos de “primer mundo”, el nuevo paso superior no solo se convierte en una obra de infraestructura vial, sino también en un escenario donde obra pública y músculo político comienzan a mezclarse rumbo a la próxima contienda electoral.
La obra apenas comienza su recorrido. Ahora tocará ver si los casi 200 millones de pesos se traducen realmente en una solución vial funcional, segura y duradera, y si la promesa de un espacio de “primer mundo” termina siendo una realidad para los potosinos o se queda, por ahora, en el discurso de inauguración.


