La “gran inauguración” del Festival San Luis en Primavera, impulsado por el Ayuntamiento encabezado por Enrique Galindo Ceballos, ha quedado lejos de ser una celebración incluyente y transparente. En su lugar, el evento ha desatado una ola de críticas ciudadanas que exhiben desorganización, posibles irregularidades y una preocupante desconexión con la realidad que vive la capital potosina.
Y es que este arranque, programado a las 7 de la noche y encabezado por el propio alcalde, tendrá como figura principal al cantante Miguel Bosé, en lo que muchos ciudadanos ya califican como un “derroche” de recursos públicos, ante la falta de claridad sobre el costo total del espectáculo.
Uno de los señalamientos más graves apunta a la distribución de boletos para personas con discapacidad. Usuarios denunciaron que los accesos “se agotaron en minutos”, generando sospechas sobre la veracidad del proceso y dejando fuera a quienes realmente necesitan condiciones especiales para asistir. “Según ustedes se agotaron”, reclaman ciudadanos, cuestionando si existió un manejo discrecional o incluso simulado en la entrega.
La molestia crece al contrastar este tipo de eventos con las condiciones que enfrenta la ciudad. Mientras el Ayuntamiento presume espectáculos de alto costo, potosinos denuncian problemas persistentes como inseguridad, homicidios y la crisis del agua. “No lo traen para deleitar a la gente, es para darse el gusto ellos”, señalan, en referencia al artista invitado y al gasto público que implicaría su contratación.
A esto se suma la crítica por la logística del evento, donde asistentes anticipan aglomeraciones, falta de espacios adecuados y condiciones poco dignas: “los que quieran ir, pues hay parados y aguanten el gentío”, advierten.
El malestar ciudadano también se extiende a la calidad de los servicios públicos. Mientras se destinan recursos a eventos masivos, habitantes denuncian el abandono de la infraestructura urbana: calles en mal estado, baches mal reparados y trabajos de baja calidad. “Tapan uno y dejan dos”, reclaman, evidenciando la percepción de improvisación e ineficiencia en la administración municipal.
Así, lo que pretendía ser un evento emblemático para posicionar a la ciudad termina convertido en un símbolo de inconformidad. Más allá del espectáculo, la ciudadanía exige transparencia en el uso de los recursos, inclusión real y, sobre todo, atención a las problemáticas urgentes que afectan su vida diaria.


