El reciente aumento en la tarifa del camión urbano, que pasó de $12.50 a $13.50 pesos, ha comenzado a sentirse en las calles de San Luis Potosí, no solo en las paradas del camión, sino también en el ánimo de quienes dependen diariamente del transporte público. Mientras algunos ciudadanos consideran el incremento como “algo normal” ante el alza generalizada de precios, para otros representa un golpe directo a una economía ya frágil.
Para estudiantes, adultos mayores y personas que no cuentan con un sueldo fijo y mucho menos con el salario mínimo, el aumento no es menor. Un peso más por viaje puede parecer insignificante en el discurso oficial, pero en la práctica significa ajustar gastos, caminar más cuadras o incluso dejar de usar el transporte en ciertas ocasiones. “No es solo un peso, son dos viajes al día, toda la semana”, comenta una estudiante mientras espera el camión bajo el sol.
En contraste, hay quienes aceptan el ajuste con resignación. “Todo sube, ya lo esperaba”, señalan algunos usuarios, aunque incluso entre ellos persiste la duda, ¿este aumento se verá reflejado en un mejor servicio?
La pregunta que queda en el aire y que muchos potosinos se hacen es clara, ¿qué está haciendo el gobierno de San Luis Potosí para garantizar que este incremento no afecte a los sectores más vulnerables? ¿Se justificará el aumento con unidades en mejor estado, mayor frecuencia y seguridad para los usuarios?
La realidad es que el camión urbano sigue siendo el principal medio de transporte para miles de potosinos que hoy cuentan monedas antes de subir. En una ciudad donde transporte es una necesidad básica.





