Entre fugas, hoyos y promesas: cuando manifestarse se vuelve la única solución en San Luis Potosí.

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En San Luis Potosí, el agua no solo se escapa por las tuberías rotas, también se filtra la paciencia de los ciudadanos. Las calles húmedas, el pavimento levantado y los hoyos abiertos se han convertido en parte del paisaje urbano, consecuencia de fugas de agua que, en muchos casos, llevan meses e incluso años sin ser atendidas por Interapas.

Vecinos de distintas colonias relatan una historia que se repite una y otra vez. Reportes ingresados, folios anotados, llamadas constantes y al final, el silencio continua. La fuga sigue ahí, corriendo día y noche, dañando calles, debilitando cimientos de viviendas y desperdiciando un recurso cada vez más escaso. La respuesta oficial, cuando llega, suele ser tardía e incompleta.

Cuando por fin aparecen las cuadrillas de Interapas, el alivio dura poco. Abren el pavimento, revisan, colocan material provisional y se van. El problema no siempre queda resuelto y los desperfectos permanecen. Zanjas sin cerrar, tierra suelta, hoyos señalizados apenas con una cinta o, en el peor de los casos, sin ningún tipo de advertencia. Para los vecinos, peatones y automovilistas, el riesgo aumenta y la molestia se multiplica.

Ante la falta de seguimiento, muchos potosinos han optado por una medida extrema: la manifestación. El cierre de calles se ha convertido en la vía más rápida y a veces la única para ser escuchados. Basta bloquear una avenida para que, casi de inmediato, aparezcan autoridades y se emitan compromisos de solución “urgente”.  Cómo lo fue, la manifestación del 12 de enero de este 2026, onde los vecinos cerraron la calzada de Guadalupe a la altura de una gasolinera para llamar la atención de las autoridades para dar solución.

La pregunta es inevitable: ¿qué pasa con todas esas fugas que no generan protestas? Esas que no salen en redes sociales ni provocan caos vial, pero que siguen desperdiciando miles de litros de agua y afectando la calidad de vida de quienes viven alrededor. Pareciera que sin presión pública, los problemas quedan condenados al olvido.

La percepción ciudadana es clara y preocupante, Interapas reacciona más rápido ante el conflicto que ante la prevención. Se atiende la protesta, no el reporte; se responde al bloqueo, no a la necesidad. Mientras tanto, la ciudad sigue acumulando calles dañadas, automóviles averiados y vecinos cansados de esperar.

En San Luis Potosí, manifestarse ya no es solo una forma de exigir derechos, sino una estrategia para obtener servicios básicos. Una realidad que deja al descubierto la ineficiencia operativa y la urgencia de replantear la manera en que se atienden y se respetan las demandas de una ciudadanía que solo pide lo elemental: soluciones, no parches.

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