En un 21 de marzo donde la primavera se siente en cada esquina, el Jardín de Tequisquiapan se convierte en el refugio favorito de la ciudad. Antiguamente un pueblo independiente famoso por sus hortalizas y su aire puro, Tequis fue absorbido por el crecimiento de la capital pero nunca perdió su esencia de remanso de paz.
Sus fuentes y sus bancas han sido el escenario de los romances más famosos de la sociedad potosina, inspirando a poetas y músicos que encontraron en su sombra la musa necesaria para sus obras.
El jardín representa ese San Luis que sabe disfrutar de la lentitud y de la belleza sencilla. Con la llegada de la primavera, sus jardines se llenan de colores que invitan a la pausa en medio del tráfico de la avenida Carranza.
Tequis es el símbolo del romanticismo potosino, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido para permitir que las nuevas generaciones descubran la magia de nuestra capital. Valorar este espacio hoy es reconocer la importancia de conservar estos rincones de identidad urbana que nos conectan con nuestra historia familiar y colectiva.
Es, en esencia, el lugar donde San Luis se permite ser tierno, recordándonos que en medio de la dureza del desierto, siempre hemos tenido un jardín donde la vida florece con una elegancia que no necesita de adornos.


