Un 19 de enero, pero de 1943, el presidente Manuel Ávila Camacho firmó el decreto que creó el Instituto Mexicano del Seguro Social. En la teoría, era un sueño de justicia social; en la práctica, fue el inicio de la era del «vuelva usted mañana».
El IMSS nació para protegernos de la enfermedad, pero también nos introdujo al fascinante mundo de la fila interminable y el sello burocrático.
En San Luis, el Hospital Central y las clínicas del IMSS se volvieron monumentos a la paciencia nacional.
Hoy celebramos que, a pesar de los trámites, el Seguro Social es ese gigante que nos recuerda que, en México, estar sano es un derecho, pero estar asegurado es una aventura administrativa.


