El Centro Histórico de San Luis Potosí fue pensado en una época en la que la velocidad tenía otro significado.
Calles relativamente estrechas, plazas amplias, recorridos que invitaban a caminar, detenerse, observar. Una lógica urbana donde el tiempo era parte de la experiencia.
Luego llegó el siglo XX… y con él, la prisa.
Los automóviles comenzaron a ocupar espacios que no estaban diseñados para ellos. Las calles se adaptaron como pudieron, los peatones negociaron su lugar y el centro empezó a vivir una especie de tensión constante entre lo que fue y lo que se necesitaba que fuera.
No dejó de funcionar, pero dejó de ser lo mismo.
Hoy, caminar por el centro es participar en ese equilibrio: entre la ciudad que se pensó para recorrerse lentamente… y la que insiste en avanzar más rápido de lo que permite su propia historia.


