El enfrentamiento en el Granjenal no fue solo un pleito de soldados, sino la manifestación de una cultura de resistencia agraria que definió a San Luis.
Los Cedillistas no peleaban por teorías en francés, sino por la tierra que pisaban. Ese espíritu de «no me dejo» sigue vivo en muchos rincones del estado, donde todavía se cuenta que los generales de antes eran más bravos que el sol del mediodía y que una hacienda tomada valía más que diez discursos en la capital.


