Camilo Arriaga representa el despertar de la intelectualidad potosina frente al letargo de la paz porfirista. A principios del siglo XX, su casona en el centro de la ciudad se convirtió en el epicentro de una disidencia que el gobierno central no supo calcular a tiempo.
Al fundar el Club Liberal «Ponciano Arriaga», Camilo no solo honró la memoria de su tío, sino que creó una red de conspiración civil que unió a periodistas, estudiantes y obreros desencantados con el régimen de Díaz.
Esas reuniones políticas eran el terror del prefecto de policía. Se discutía la Constitución de 1857, se denunciaban los abusos de los hacendados y se distribuían periódicos opositores bajo la luz de los quinqués.
Arriaga entendió que el Porfiriato se sostenía sobre el miedo y el silencio de la provincia, y su misión fue romper ese cerco con la fuerza de las ideas de molde. Su labor le costó la persecución, el exilio y la ruina económica de su familia, pero dejó en San Luis una escuela de rebeldía institucionalizada. Nos enseñó que las revoluciones no siempre empiezan con el grito de un general en el cuartel; a veces comienzan en la sala de una casa de cantera, donde un puñado de hombres decentes decide que la obediencia ya no es una virtud ciudadana.


