La cultura de la serenata en San Luis es una historia de resistencia musical. Hubo una época en que el kiosco de la Plaza de Armas era el escenario principal donde los pretendientes contrataban músicos para declarar sus intenciones.
Desde las mandolinas coloniales hasta las trompetas del mariachi moderno, la intención no ha cambiado: usar la música como un escudo para la timidez.
Hoy, aunque el romance viaja por WhatsApp, la serenata en vivo sigue siendo el gesto máximo de valentía potosina, un acto de fe que requiere de buenos pulmones y un suegro con el sueño pesado.


